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jueves, 28 de enero de 2016

Prof. Dr. Julio César Neffa el trabajo en el Siglo XXI, en la Oficina Publica Saludable

Aire acondicionado: riesgos para la salud de su mal uso en la Oficina Publica Saludable

Aire acondicionado: riesgos para la salud de un mal uso

  • Una climatización inadecuada puede causar faringitis, dolores de cabeza o neumonía en pleno verano
  • Expertos aseguran que una temperatura de entre 24 y 26 grados es suficiente para no pasar calor en casa

Cervicalgia, faringitis, rinitis, asma, neumonía, dolores de cabeza, contracturas musculares, lumbalgia,… Tener el aire acondicionado a una temperatura superior a la recomendada no solo perjudica la economía doméstica, también es la causa de muchas enfermedades que se contraen en verano. Según una encuesta realizada por una empresa especializada en cuidado del hogar, un 73,7 por ciento de los participantes asegura haber sufrido resfriados o problemas de garganta en los meses más cálidos del año debido al aire acondicionado (7 de cada 10). La variación entre la temperatura exterior y la que se alcanza en el interior de viviendas, oficinas o establecimientos comerciales puede superar los 15 grados; este contraste hace que el organismo se resienta y puedan aparecer complicaciones en principio más propias de otras épocas del año.
Para aclimatar una vivienda, los expertos consideran que una temperatura que ronde entre los 24 y los 26 grados es “más que suficiente”. Sin embargo, el 30,8 por ciento de las personas encuestadas ha asegurado mantener el aire acondicionado entre los 22 y los 24 grados, y el 20,5 por ciento entre los 20 y los 22 grados. “Solo 8 de cada 100 personas pone el aire a la temperatura correcta”, concluye el estudio, que alerta del desconocimiento generalizado de los problemas para la salud que conlleva el uso abusivo del aire acondicionado en verano (un 35,2 por ciento de los participantes afirmó no ser consciente de que una climatización inadecuada pudiera ser perjudicial).
Según el estudio, los usuarios sí tendrían un poco más de conciencia sobre el incremento del gasto que supone el uso del aire acondicionado en verano. En concreto, un 18,3 por ciento de las personas encuestadas sabría exactamente lo que afecta el aire acondicionado a su presupuesto doméstico. El resto, tan solo intuiría un engrose de la factura sin saber con precisión los importes. El dato no carece de importancia: por cada grado que se baja la temperatura, aumenta entre un 7 y un 8 por ciento el consumo eléctrico, en especial si en lugar de mantener una temperatura constante se utiliza el aire acondicionado para refrescar la casa y la oficina de forma rápida y puntual. Las grandes subidas o bajadas de temperatura son picos de gasto eléctrico muy notables.

¿Quiénes usan más el aire acondicionado?

A pesar de sufrir más las altas temperaturas estivales, en España los andaluces son los más comedidos a la hora de poner el aire acondicionado. Según la encuesta, algo más de la mitad de los participantes mantiene el aire entre los 22 y los 24, e incluso hay un grupo de “valientes” que dice no utilizarlo.
En el interior peninsular, el 24,5 por ciento de los encuestados asegura no tener aire acondicionado en sus casas, si bien un 50 por ciento lo utilizaría a una temperatura inferior o muy inferior a la saludable.
Los ciudadanos de la cornisa cantábrica son los que más controlan el uso del aire acondicionado, ya que lo utilizan frecuentemente a una temperatura baja o muy baja, y un 43 por ciento sabe con exactitud el impacto que genera en la economía familiar. En el resto del norte, un 50 por ciento asegura no tener instalado aparato de aire acondicionado.

Fuente: http://www.dmedicina.com/vida-sana/2015/07/09/aire-acondicionado-riesgos-salud-mal-88452.html

domingo, 10 de enero de 2016

¿Tienes prisa?... Mejor vivir sin Estrés en la Oficina Publica Saludable

¿Tienes prisa?... Mejor vivir sin Estrés

 

“¡Falta un minuto para que te cierren la escuela!”, “¡No vayas a llegar tarde al trabajo!”, “¡Tienes 20 minutos para comer!” “¡Tienes que entregarlo mañana temprano!” “¡Apúrate!”
En la época actual, son más las cosas que hay que hacer y atender que el tiempo que se necesita para hacerlas; el reloj ya no regala nada, al contrario, parece que nos quita espacio para hacer todo lo que queremos hacer. Atender muchísimas cosas esta de moda. Estar apurados se convierte en una costumbre y un modo de vida al cual las grandes urbes se han adaptado poco a poco, las personas hacen cada vez más cosas en menos tiempo.
En los trabajos, por ejemplo, se les exige a los trabajadores eficiencia (hacer más y bien en menos tiempo es lo que mejor se paga). Los horarios para comer en los trabajos muchas veces son muy cortos, no más de media hora o veinte minutos. Hay quienes incluso no pueden salir a comer y tiene que comer cualquier cosa mientras atienden todo lo que hay que hacer. En las escuelas, por otro lado, los maestros exigen una cantidad exagerada de trabajos a sus estudiantes; dichas tareas apenas dejan tiempo a los jóvenes para atender otros asuntos, por lo que tienen que posponer las actividades que disfrutan, como oír música o estar con los amigos, a otros horarios que se extienden muchas veces hasta sus horas de descanso, tal cual lo hacen los adultos que tienen sus agendas llenas.
Nos hemos adaptado a las exigentes demandas de tiempo del mundo actual y esto no es que este “bien o mal”; de alguna forma muchos hasta disfrutan este modo de vida. Otros, aunque se quejan de no tener tiempo para nada, no pueden dejar de hacer todas las cosas  que hacen por distintas razones.
En las ciudades, la prisa es un estilo de vida. Parece que el que tiene más cosas que hacer es el más importante y quizá esto de alguna forma sea cierto; parece que corremos como si pretendiésemos ganarle a alguien o algo. Quizá la prisa tenga mucho que ver con ese carácter competitivo que nos puede estar haciendo perder oportunidades y experiencias más grandiosas que el simple correr y correr para lograr o ganar algo… ¿Qué será lo que queremos ganar exactamente con las prisas? ¿Será cierto que “no nos queda de otra”?
Si sientes que en el día estas muy apurado o con prisas todo el tiempo, observa lo que sucede en tu organismo y tu vida mientras tu tratas de que no te gane el reloj.

Consecuencias de la prisa:

• Estrés continuo que provoca que tu ritmo cardiaco se acelere, y que tu sistema cardiovascular se altere y desequilibre.
• Mala absorción de nutrientes, lo que puede degenerar en un sinfín de enfermedades.
• Caída del cabello severa (calvicie o alopecia)
• Problemas de dolor de cuello, cabeza, ojos, espalda o articulaciones debido a la tensión que suelen guardar estas partes de tu cuerpo cuando se exponen constantemente al desgastante estrés de la pira.
• Carácter intolerante y enfadado debido a la falta de gozo que ocasiona la prisa: cuando corres, no puedes disfrutar realmente lo que haces.
• Falta de sensualidad: la prisa inhibe la belleza de la sensualidad.

Distanciamiento emocional: causa más severa de la prisa

Una de las consecuencias más severas de la prisa es que dejamos de disfrutar muchos detalles y cosas de la vida, pero sobre todo, nos distanciamos de nosotros mismos y de lo que nos rodea; nos volvemos fríos y superficiales. Pasar de prisa por la vida es como pasar por encima, sin atender, saborear y asimilar adecuadamente lo que sentimos y somos. La vida se convierte en una especie de “borrón”, es decir, en algo muy confuso y poco claro, porque no estamos dándonos el tiempo para paladearla y verla con más profundidad y claridad. 
Vivir de prisa nos hace caer en hábitos mecánicos y superficiales porque de alguna forma no estamos viviendo, sino nada más repitiendo las cosas, hábitos y costumbres que tenemos. La eficiencia que todos aplaudirían, es una de las grandes enemigas de la mente creativa o genial, pues esta no permite que la persona explore otros terrenos creativos y pueda fortalecerse. La eficiencia puede ser aplaudida por las empresas, pero nos hace personas poco creativas y poco espontáneas (además de poco saludables por la tensión que genera).  Para ser creativos y destacar, necesitamos aprender nuevas cosas, atrevernos a hacer lo mismo pero de diferentes formas, a experimentar el ensayo y el error. Y la prisa no da nunca esta oportunidad, ella dice: “¡No, vas a perder tiempo si lo haces de otra forma! Tienes que hacerlo más rápido, es decir, igual que siempre!”
Resumiendo, la prisa nos aleja del sentido más profundo de la vida.  

¿Es necesaria la prisa?

A primera vista parece que no queda otra que hacer, porque si uno no se apura, entonces alguien  “ganará” ya sea el trabajo, la oportunidad o lo que sea.
En realidad, podemos decir que la prisa no es necesaria, pero es un estilo de vida que hemos adoptado, entre otras cosas, por la inseguridad que tenemos en nosotros mismos, por esa falta de confianza en nuestras habilidades creativas. Sólo se apura el que cree que no va a llegar o tener. Y si uno cree que no va a llegar o tener cuando siente que no tiene o no ha llegado. Pero… ¿adónde exactamente quieres llegar? ¿Qué es exactamente lo que persigues? ¿Te has preguntado alguna vez si realmente estás llegando adonde quieres? ¿O será que la prisa no te deja ver que justamente estás llegando adonde no anhelas?
Muchas veces la prisa nos hace perdernos de preguntas tan esenciales como estas.
Si te sientes constantemente apurado o con el reloj encima, obsérvate más a menudo y trata de ir más despacio cuando caminas, cuando observas, cuando escuchas y trabajas. Tu mente te acosará con el tiempo y los deberes, te dirá: "¡Apúrate!". Pero no debes permitir que esto suceda; debes de aprender a ir más despacio, pues sino lo más seguro es que te estés perdiendo de aquello que más buscas y persigues: gozar la vida.