En varias entradas que realicé en el blog me he referido a la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o
peak o, cómo la llamó Jung, experiencia numinosa.
Se trata de una experiencia que ha sido percibida por el ser humano desde tiempos inmemoriales y
que contínuamente, aunque a veces en forma metafórica o con imaginería
es nombrada en la mayoría (sino en todos) los escritos religiosos a lo
largo de la historia. Sin embargo, fue científicamente estudiada y
definida de manera sistemática, por vez primera, por el psicólogo
humanista Abraham Maslow.
Se trata de una experiencia tan importante y transcendente no sólo
para quien tiene el infinito privilegio de tenerla sino para el mundo
todo, que intentaré dar una definición basándome en lo realizado por
este notable psicólogo.
Estoy convencido de que promover la
realización de esta experiencia en la gente, en mi caso mediante su
difusión para que cada uno encare un proceso de búsqueda y desarrolle
algún tipo de trabajo interior, sea de la escuela que sea, puede ser la
llave para que todo en este mundo mejore y podamos cada día más
actuar en armonía con nuestras posibilidades humanas sin que por ello
actuemos en desmedro del prójimo. Como decía Krishnamurti, creo
fehacientemente que la verdadera revolución en este mundo es
revolucionarse y es por eso que tanto hablo de este tipo de experiencias
que a continuación trataré de definir y describir.

Abraham Maslow en su libro
Religions, Values, and Peak Experiences (1964) definió como experiencia cumbre: “
un
estado de unidad con características místicas; una experiencia en la
que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace
parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”. Con
esta definición quedan descriptos ciertos estados transpersonales y
extaticos, caracterizados por la unificación, armonización e
interconexión que percibe el experimentador quien se abre a la
revelación de lo inefable del ser. Se trata de toda una categoría de
experiencias místicas caracterizadas por la disolución de las fronteras
personales y la sensación de ser uno con otras personas, con la
naturaleza, con todo el universo y (tal vez) con eso que muchas
religiones llaman Dios, sin definirlo debidamente.
En sus escritos, Maslow critica duramente a la posición tradicional
de la psiquiatría occidental, la que sostiene que estas experiencias son
síntoma de la enfermedad mental. Maslow demostró sin lugar a dudas que
las experiencias cumbre ocurren en personas normales y bien adaptadas.
También observó que si se les permite completarse naturalmente es común
que resulten en un mejor funcionamiento en el mundo y que conduzcan a lo
que él llamó “
la autorrealización”: una mayor capacidad para
expresar el propio potencial creativo. El psiquiatra e investigador de
la conciencia Walter Pahnke desarrolló una lista de las características
básicas de una experiencia cumbre, basándose en el trabajo de Abraham
Maslow. Utilizó el siguiente criterio para describir este estado de la
mente:
- Unidad (interna y externa)
- Una fuerte emoción positiva
- La trascendencia a las categorías espacio y tiempo
- Sentido de lo sagrado (numinosidad)
- Naturaleza paradójica
- Objetividad y realidad de las percepciones obtenidas
- Inefabilidad
- Efectos posteriores positivos

Más recientemente y luego de estudiar las tradiciones de oriente, con especial énfasis en el budismo,
Robert Gimello de la Universidad de Notre Dame (y ex de Harvard), realizó una clasificación mas exhaustiva de las experiencias místicas.
- La sensación de Unidad y consecuente disolución o pérdida del “ego”.
- La pérdida del sentido del tiempo y del espacio.
- La sensación de contacto con lo Sagrado o lo Numinoso, como aquello
con lo que conecta el místico y se presenta como factor esencial
persistente en el mundo religioso.
- La sensación de objetividad y de realidad profunda. El místico
fiable no es el psicótico que ha perdido contacto con la realidad. Al
contrario, está dotado de un fuerte sentido de lo común que le permite
ser testimonio de la realidad más profunda tanto como de la realidad más
concreta y aparente.
- La cualidad noética, o sensación de la intuición de verdades
profundas al margen del intelecto discursivo. Es una sensación realista
de inmediatez radical que va unida a la experiencia mística. Así ha sido
vivida por místicos como Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval,
Al-Gazzali, Ovidio, Rumi, Ibn Arabi, etc.
- La superación del dualismo y de las contradicciones. Va más allá del
principio de contradicción y del tercero excluido, llegando a la lógica
transcendental de Hegel, o a la comprensión de la Tercera Fuerza de
Gurdjieff, o a la coincidentia oppositorum de Nicolás de Cusa.
- La pérdida del sentido de la causalidad.
- Inefabilidad.
- La sensación de profunda paz y alegría. Inmensa felicidad,
coherencia y una armonía interna imperturbable. Pero lo que importa
sobretodo es la perdurabilidad de un estado de conciencia superior a lo
comúnmente vivido.
- La percepción de Luz o Fuego. Es la experiencia literal de la
iluminación. Lo describió Hildergard von Bingen, Teresa de Jesús, Jacob
Böhme, Jacopone da Todi, etc.
- Transitoriedad.
-
Cambio positivo de conducta. Es un criterio fundamental. Todas las
grandes huellas de vida religiosa profunda llevan a los sujetos que los
experimentan a un mundo interno más rico y una mejora de calidad en el
mundo emocional.
Como esta lista y la anterior lo indican, un individuo que vive una
experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación
y división cuerpo/mente, y alcanza un estado de unidad y completud
interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico. Trasciende
también la distinción normal entre sujeto y objeto, y vive un estado
extático de unión con la humanidad, la naturaleza, el cosmos y eso que
algunos llaman como Dios.
Está asociado a una fuerte alegría, felicidad, serenidad y paz.
Las personas que experimentan una conciencia mística de este tipo
tienen la sensación de dejar la realidad ordinaria, en donde el espacio
es tridimensional y el tiempo lineal para entrar en una zona mítica y
sin tiempo donde ya no caben esas categorías. En este estado, la
eternidad e infinitud pueden experimentarse en segundos del tiempo del
reloj.
Otra cualidad vivencial de la conciencia de la unidad es
el sentido de numinosidad, un término que Carl Gustav Jung utilizaba
para describir un profundo sentido de lo sagrado y lo santo que está
asociado a ciertos procesos profundos de la psiquis.
La experiencia de lo numinoso nada tiene que ver con creencias religiosas previas o programas:
es
una percepción directa e inmediata de que se está ante algo que tiene
una naturaleza divina y es totalmente diferente de nuestra percepción
común del mundo de todos los días, de lo fenoménico. Las descripciones de estas experiencias están llenas de afirmaciones paradojales que violan las reglas básicas de la lógica.
Es
posible referirse a un estado místico diciendo que es como estar vacío
de contenidos pero contenerlo todo. Ya que no presenta nada concreto,
nada parece faltar, porque contiene a toda la existencia en potencia.
La persona que lo describa hablará de
una completa ausencia
del ego y dirá que su sentido de identidad estaba tan infinitamente
expandido que contenía al universo entero. Otros podrán decir que se sintieron absolutamente insignificantes, sobrecogidos y humildes por la experiencia, pero guardan
la sensación de un logro de dimensiones cósmicas,
porque se sienten en cierta forma una nada, se perciben como
conmensurables con lo que podría denominarse como Dios (o la totalidad).

Durante
una experiencia mística tal vez se sienta que se accede al más alto
conocimiento y sabiduría en cuestiones espirituales importantísimas. Por
lo general esto no incluye información sobre el mundo material, aun que
ciertos estados místicos han sido ocasionalmente una fuente de
información válida que pudo utilizarse prácticamente. Es más usual tener
una comprensión instantánea de la esencia de la existencia descrita por
los Upanishads como
“conocer Eso, el conocimiento que brinda el conocimiento de todo lo demás”.
Este conocimiento de la verdadera naturaleza de la existencia se
percibe en última instancia como mucho más real e importante que todas
las teorías científicas o percepciones y conceptos de la vida cotidiana.
La inefabilidad es un rasgo característico de este estado místico.
Es
en verdad imposible describir a otros la naturaleza de estas
experiencias, su profundo significado y su importancia, en especial a
quienes nunca las han tenido. Casi todos los que relatan su experiencia
mística se lamentan de la total ineficacia de las palabras para
contarla. Quienes han tenido es te tipo de vivencia a menudo
dicen que el lenguaje poético, aunque imperfecto, es el mejor vehículo
para transmitir estos estados. Los versos in mortales de los grandes
poetas trascendentales de Oriente, como Omar Khayyam, Rumi, Kabir,
Mirabai, y Kahlil Gibrán, así como Hildegard von Bingen, William Blake,
Rainer Maria Rilke y tantos otros así lo atestiguan. Si se permite que
estas experiencias sigan su curso, es probable que ejerzan una
influencia profunda y duradera en el bienestar general de la persona, su
escala de valores y sus estrategias y estilos de vida. Suelen producir
una mejora de la salud emocional y física, una mayor apreciación de la
vida y una acritud más amorosa, tolerante y honesta hacia los demás
seres humanos.
Son capaces de reducir drásticamente la agresividad, la intolerancia, los impulsos irracionales y las ambiciones poco realistas.
Hay ciertas situaciones en la vida que son especialmente capaces de producir una experiencia cumbre. En muchos casos,
la disolución del ego se da cuando uno se ve sobrepasado por la percepción de algo exquisita mente bello.
Esto suele ocurrir con la naturaleza: al bucear en jardines de coral,
navegar en el océano o en una balsa por los rápidos de un río, acampar
en el desierto, escalar montañas elevadas, andar en globo o practicar el
aladeltismo, por ejemplo. Varios astronautas han tenido experiencias de
este tipo durante los vuelos a la luna y al orbitar la tierra.
Otra fuente importante de experiencias cumbre la constituye el arte inspirado;
en este caso, el arrobamiento místico puede ser experimentado tanto por
el artista que crea o interpreta, como por el admirador sensible.
Muchas experiencias de conciencia de la unidad han sido inspiradas
por el esplendor de monumentos como las pirámides egipcias, los templos
hindúes, las catedrales góticas, las mezquitas musulmanas y el Taj
Mahal; así como por música, pinturas o esculturas.
El amor, el
romance y el éxtasis erótico también disparan con frecuencia poderosas
sensaciones de unidad con el todo. Lo mismo puede suceder cuando uno
queda absorbido por la mirada de un bebe. Quizás resulte
asombroso que las experiencias cumbres también se den en entrenamientos
rigurosos y encuentros competitivos. Michael Murphy y Rhea White han
brindado ejemplos sorprendentes de tales estados en su libro The Phychic
Side of Sports. Recuerdo un capítulo de Animatrix donde un corredor se
sale de la Matrix (trasciende su ego diría yo) mercer a su extremo
esfuerzo.
Considerando que las experiencias cumbres son positivas y están
llenas de posibilidades, puede resultar desconcertante que se conviertan
en un motivo de crisis espiritual. La razón principal para tales
complicaciones es que
la cultura occidental en realidad no tiene una comprensión cabal de los estados alterados no ordinarios de conciencia.
Como consecuencia, somos incapaces de reconocer el valor de estas
experiencias, de aceptarlas y de contener a quienes las viven.
Por eso es tan importante predicar a favor de semejante apertura.
La actitud que predomina en la psiquiatría tradicional y en
el público en general es que cualquier desviación de la percepción y la
comprensión común de la realidad es patológica. Nada más lejos
de la verdad. Sin embargo, en estas circunstancias, un occidental
promedio que atraviesa un estado místico tenderá a cuestionar su salud
mental y a resistir lo que experimenta. Los parientes y amigos
probablemente apoyarán tal actitud y sugerirán que se recurra a la ayuda
psiquiátrica. Mucha gente en el medio de una experiencia cumbre ha sido
enviada a un psiquiatra, que le diagnosticó una patología, interrumpió
la experiencia con medicación supresiva y tranquilizantes y le adjudicó
el rol de paciente psiquiátrico de por vida. Craso error.
Digamos que tienes una experiencia de la luz interior, cegadora, extática, que hace estallar tu mente.
La experiencia es directa e inmediata, pero entonces sales de ella y
quieres contárla a otro, o quizás simplemente quieres contártela a vos
mismo.
La forma en que interpretes esta experiencia determinará
como la harás encajar en tu vida, como la compartirás con el mundo y
como será tu futura relación con está luz que puede cambiar tu vida de
manera total y definitiva.
Fuente: http://humanismoyconectividad.wordpress.com/2008/08/19/experiencia-cumbre-3/