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miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Qué es la autocompasión y cómo te afecta? en la Oficina Publica Saludable

¿Qué es la autocompasión y cómo te afecta?

by Juan Carlos Jiménez


La autoestima baja es uno de los mayores obstáculos en nuestra vida. Nos hace sufrir y nos impide lograr aquello que deseamos. Si nuestra autoestima es baja y no logramos el éxito deseado, buscamos un culpable. Eso es autocompadecerse.
La autocompasión nos mantiene emocionalmente desmotivados y desconfiados de nuestro potencial, sin que nos demos cuenta de ello y nos impide avanzar por la vida y disfrutarla.
Tener conciencia de cómo nos afecta la autocompasión, nos ayuda a evitar que las molestias y dificultades nos lleven a ella, lo que significa, básicamente, sentirnos víctimas de las circunstancias o de los demás.
John Gardner, ex Secretario de Salud, Educación y Asistencia Social en USA, se refirió a la autocompasión así: “La lástima por uno mismo es uno de los narcóticos no farmacéuticos mas destructivos. Es adictiva, da placer en el corto plazo, pero separa a la victima de la realidad”.



¿Por qué nos autocompadecemos?

Ya sea que nos culpemos a nosotros mismos o que culpemos a los demás, o a la suerte, la economía, las circunstancias sociales, o Dios, si nos sentimos indefensos e incapaces de cambiar los obstáculos o las situaciones negativas de la vida, podemos acabar autocompadeciéndonos.
La autocompasión o el autoconsuelo es sumamente limitante, pero es muy difícil de reconocer y aceptar, porque le damos un significado simplista. Para mucha gente significa solamente “estar mal” o sentirse débil, subestimado, o menos valioso que los demás.
Pero la autocompasión puede indicar que durante nuestra infancia o en otro momento del pasado aprendimos una actitud que nos impide vencer retos y dificultades actuales, y así tener mejor calidad de vida.
Con frecuencia sentimos y pensamos que nuestra vida y nuestras opciones están limitadas por factores externos, sin darnos cuenta de que la raíz de dicha limitación es la autocompasión.

¿Cómo piensan quienes tienden a compadecerse?

¿Piensas que la solución a tus problemas depende de lo que hagan o dejen de hacer los demás?… ¿Siempre tienes una razón para justificar tu actitud?… ¿Sientes que tienes poco control sobre tu vida y lo que te está sucediendo?… ¿Buscas consejos, pero no los sigues?…
Si respondes afirmativamente a estas preguntas, posiblemente tiendes a sentirte “víctima” o a compadecerte con facilidad.
Todos hemos tenido momentos de dolor emocional producido por errores y fracasos. Pero la diferencia entre los que se autocompadecen y los que no, es que los primeros se dedican a ver todo lo malo que les ha pasado y que no han podido evitar o solucionar. Los segundos se enfocan en lo que quieren que les pase y en lo que necesitan hacer para lograrlo.
Cuando creemos que nosotros tenemos poco o ningún control sobre lo que nos sucede, que el mundo y/o los demás se aprovechan de nosotros o nos causan daño, acabamos sintiéndonos incapaces y desempeñando el papel de víctimas.

Orígenes de la actitud de víctima

La autocompasión es una respuesta emocional que surge en un momento de estrés. Al tratar con situaciones estresantes, la tendencia más común es sentir pena por uno mismo. No obstante, esta actitud se muestra de manera diferente en cada persona.
Por ejemplo, debido a la edad y a la falta de conocimientos y habilidades, en muchas situaciones los niños se sienten víctimas (independientemente de que tengan una vida estable, protegida, feliz y llena de amor). Es parte de las características de la niñez.
Quizás nos criamos en un ambiente en donde se nos compadecía constantemente con comentarios como “pobrecito, se siente mal”; “pobre niño, tiene tantas dificultades”; “es injusto lo que le pasa, pero no puede hacer nada”; o “a éste niño siempre le pasa algo malo”.
También pudo ocurrir que nuestros padres u otras personas importantes en nuestras vidas tenían actitud de víctimas, e inconscientemente aprendimos a imitarlos.
O pudimos haber sido realmente víctimas, de algún tipo de abuso físico, sexual, psicológico, o emocional. Estas vivencias pueden tener un impacto tan intenso que no nos abandona a lo largo de toda la vida.
Al hacernos adultos, las diferentes experiencias que vivimos pueden hacer que disminuya o desaparezca la tendencia autocompasiva, pero también puede aumentar y hacernos desarrollemos una actitud de víctima. Cualquiera que sea la causa inicial, siempre podemos trabajar las consecuencias en función de tener una mejor vida.



Aspectos positivos y negativos de la autocompasión

Como cualquier otra emoción, la autocompasión tiene sus puntos a favor y en contra.
Por un lado, en el corto plazo ayuda a disminuir el dolor emocional frente a obstáculos o fracasos, evita que nos autodevaluemos, y reduce el impacto del sentimiento de culpa.
Pero las consecuencias negativas son mayores:
Impide que veamos las dificultades de manera integral, porque la autocompasión hace que nos enfoquemos en la parte negativa que nos afecta directamente, lo que a su vez nos dificulta ver las soluciones.
Nos aleja de la gente y nos impide resolver nuestros conflictos, porque nos mantiene centrados en nosotros mismos (“pobre de mí…”, “siempre me ocurre…”, “yo no puedo…”, “no se puede confiar…”).
Impide que nos responsabilicemos de lo que nos sucede y actuemos de inmediato. Al culpar a los demás, asumimos que son ellos los que pueden y “deben” hacer algo para mejorar la situación. Esto hace que tratemos de presionarlos o manipularlos, con lo que surgen nuevos conflictos.
La autocompasión también nos paraliza, porque sentimos que no podemos hacer nada frente a las dificultades del mundo exterior, ya que no tenemos ni la capacidad ni el control necesario para superarlas.

Retos de manejar la autocompasión

Cuando nos autocompadecemos, no nos damos cuenta de que nuestra actitud es lo que precisamente más nos impide mejorar y buscar soluciones. Se trata de una actitud negativa que aprendimos en la infancia o adolescencia y estábamos realmente indefensos, o cuando imitábamos algún adulto que nos sirvió de modelo.
Pero en la actualidad podemos cuestionar lo que se nos dijo y los modelos que tuvimos, porque ya somos menos indefensos y vulnerables.
Cuando nos autocompadecemos, nos resulta muy difícil aceptar la responsabilidad de lo que nos sucede. Pero el sentimiento de víctima no es inventado. Puede tener origen en hechos sufridos durante la niñez, la juventud o también siendo adulto.
Quien ha vivido abusos, en realidad sí ha sido víctima de las circunstancias. Bien sea por la edad o la propia situación, esa persona no tuvo la fuerza emocional, ni la capacidad, ni los conocimientos para influir y cambiar las circunstancias o alejarse de ellas.
Pero si esa persona se mantiene permanentemente compadeciéndose y sintiéndose víctima, los pensamientos y sentimientos del pasado continúan dominando su vida. Sin darse cuenta, ella es ahora, su propio victimario.
En otras palabras, la autocompasión genera una especia de círculo vicioso o espiral de sentimientos negativos, del que parece no haber salida. Pero si la hay…

¿Qué puedes hacer para manejar la autocompasión?

Hay que comenzar por las metas, personales o profesionales. Es necesario precisarlas bien, actualizarlas o refrescarlas.
Cuando tenemos metas claras, bien definidas, podemos motivarnos con mayor facilidad y reconocer los pasos necesarios para lograrlas. Esto le da un sentido más claro a nuestra vida, le da más significado a lo que hacemos, nos fortalece el sentido de dirección, nos proporciona la sensación de control y aumenta nuestra autoestima.
Dedícale más tiempo a los aspectos positivos de tu vida. Todos los tenemos, pero no estamos acostumbrados a buscarlos, verlos, reconocerlos y darles la debida importancia.
Ciertamente, la felicidad no es un estado permanente e igual para todas las personas. Tampoco podemos aspirar a estar felices con todo, todo el tiempo.
Sin embargo, sí puedes aspirar alcanzar un estado de satisfacción y plenitud en relación a cómo se desarrollan los asuntos de tu vida, incluyendo los cambios y los imprevistos.
Apreciar los aspectos positivos de cada experiencia es parte medular para desarrollar la capacidad de asimilar procesos en los cuales, por decisión propia, podemos mantener una actitud creativa y asertiva.
Una activa disposición ante los retos nos hace rescatar nuestra soberanía frente a la vida. Nos convierte en protagonistas y no en víctimas de las situaciones.
Valorar los aspectos positivos en los procesos de vida depende de tus interpretaciones de los hechos y de las decisiones que tomas con base en esa manera de ver la realidad. La meta no es ser feliz; la felicidad es una consecuencia. La meta es vivir los procesos con emoción positiva y entusiasmo.
Lo mejor de todo esto es que el cerebro puede ser entrenado, de una manera similar a la que entrenamos el cuerpo en un gimnasio. No estamos condenados a ser pesimistas porque “esa es nuestra naturaleza”. Tu puedes cultivar y desarrollar el entusiasmo y el optimismo.
Recuerda que tus puntos de vista los determinas tú. No son algo que te impone el mundo exterior. Tus puntos de vista son tus paradigmas y también son tus oportunidades.
Tus paradigmas son tu decisión. Así que siempre tienes la oportunidad de buscar un ángulo distinto para analizar una situación y encontrar oportunidades que no se ven desde la perspectiva de la negatividad. La diferencia la haces tú.
Te invito a ampliar este tema con estos dos videos en YouTube:
Función de la endorfina en el bienestar y la felicidad.
12 Consejos para la salud de tu cerebro.
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Fuente:http://www.ampliatusoportunidades.com/2012/07/02/que-es-la-autocompasion-y-como-te-afecta/

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